Reflexió entorn la Setmana Santa

LA SETMANA SANTA

1 CORINTIOS 13,1 (4)

“El amor es paciente, es servicial;

el amor no tiene envidia,

no es presumido ni orgulloso;

no es grosero ni egoísta,

no se irrita, no lleva cuentas del mal;

el amor no se alegra de la injusticia,

sino que goza con la verdad.

Todo lo excusa, todo lo cree,

todo lo espera, todo lo tolera.

El amor no falla nunca.”

 

Jesús vingué a la Terra per ensenyar-nos i transmetre’ns AMOR (amb MAJÚSCULES), que és l’essència del Pare.

Amor i amor al pròxim és la síntesi del missatge Cristià.

Com a Cristians, aprendre amor esdevé la nostra fita terrenal per així retornar a l’origen celestial on TOT és AMOR.

Mentrestant, aquí en el fang terrenal, Jesús ens deixà un imperi: la seva benedicció en forma de pa i de vi, que no és altra cosa que el seu amor abans de marxar cap a la Creu.

En morir a la Creu, Jesús carregà amb tots els pecats del món, amb totes les nostres creus per alliberar-nos.

En ressuscità, obrir els camins de l’esperança a la humanitat, perquè així com el cos està destinat a morir, l’esperit esdevé immortal en l’altra vida.

Cal transformar-se en amor per seguir cap a la direcció de Jesucrist.

Crec que la Setmana Santa és un moment per retirar-se i fer introspecció per adonar-nos del punt evolutiu en què es troba el nostre amor, seguint el referent de Jesús.

És convenient aprofitar el seu llegat –l’esperit Sant- en oració, per realitzar aquells canvis o transformacions que necessitem.

Rosa Pasqual, militant de Besòs 4.0


El alimento del amor
Más que una caricia, más que una palabra, esta la vida que compartimos y construimosjuntos.

Un famosomaestro se encontrófrente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio. Los muchachosargumentaban que el romanticismoconstituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relacióncuandoéste se apaga en lugar de entrar en la huecamonotonía del matrimonio. El maestro les dijo que respetabasuopinión, pero les relató lo siguiente:

Mis padresvivieron 65 añoscasados. Una mañana mi mamábajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A todavelocidad, rebasando, sinrespetar altos, condujohasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, yahabíafallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló; su mirada estabaperdida. Casi no lloró. Esanochesushijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgiarecordamoshermosasanécdotas; élpidió a mi hermanoteólogo que ledijeradóndeestaríamamá en esemomento. Mi hermanocomenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturas de cómo y dóndeestaría ella. Mi padreescuchaba con atención, de prontopidió que lo lleváramos al cementerio. “Papá”, respondimos, “son las 11 de la noche! no podemosir al cementerioahora”.

Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: “No discutanconmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fuesu esposa por 65 años”. Se produjo un momento de respetuoso silencio, no discutimosmás.

Fuimos al cementerio, pedimospermiso al velador, con una linternallegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sushijos que veíamos la escena conmovidos: “Fueron 65 años……¿saben?, nadiepuedehablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujerasí”. Hizo una pausa y se limpió la cara. “Ella y yoestuvimosjuntos en aquella crisis. Cambié de empleo”, continuó. “Hicimos el equipajecuandovendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestroshijos terminar suscarreras, lloramosuno al lado del otro la pertida de seresqueridos, rezamosjuntos en la sala de espera de algunoshospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamosnuestroserrores…

Hijos, ahora se ha ido y estoycontento, ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yoquienpase por eso, y ledoygracias a Dios. La amo tanto, que no me hubieragustado que sufriera…”.

Cuando mi padreterminó de hablar, mis hermanos y yoteníamos el rostroempapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló: “Todoestábien, podemosirnos a casa; ha sido un buendía”.

Esanoche entendí lo que es el verdadero amor; dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, ni con el sexo, mas bien se vincula al
trabajo, al complemento, al cuidado y, sobre todo, al verdadero amor que se profesan dos personasrealmentecomprometidas”.

Cuando el maestroterminó de hablar, los jóvenesuniversitarios no pudierondebatirle; esetipo de amor era algo que no conocían. Ojaláalgúndíapuedas encontrar un amor así, y si lo encuentras, jamás, perojamás lo dejesir…

http://www.loscuentos.net/cuentos/link/496/496043/

 

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